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viernes, 27 de febrero de 2009

Náuseas y Lágrimas

La publicidad es un arte, en treinta segundos puedes acabar riendo a carcajadas o llorando como un niño. Ayer experimenté esas dos sensaciones en cuestión de minutos.

No sé a qué mal director de publicidad ni a qué empresario patán se le ha ocurrido la campaña de Más Movil. ¿Quién ha ideado mostrar a un hombre vomitando hasta la extenuación? Lo normal, si crees que mostrar un vómito es el reclamo adecuado para atraer clientes, es que se vea al individuo haciendo el esfuerzo o sólo la pota en sí, pero ver ambas cosas a la vez es nauseabundo, desagradable e induce a cualquier cosa antes que a pararte a pensar en qué se está anunciando.
Y ya no es sólo eso, es que todo el anuncio tiene una realización pésima (una larga e innecesaria escena del hombre al principio en la puerta de casa, luego otro segundo amago de vómito por si no hemos tenido bastante...) y no hay atisbo de humor, que suavice el mensaje. Mala idea + mala realización= nadie sabe qué se anuncia, porque la imagen de aquello es tan desagradable que no queremos ver el anuncio.

Frente a esta pobreza y penuria creativa, Coca Cola nunca falla. Es un anuncio que te deja sin aliento. Preciso, bello y que te recuerda lo que significa la marca, apela a los sentimientos en estos tiempos de crisis consumista. Nos recuerda que la vida es bella porque va directo a nuestros sentidos. Conmovedor y de una factura técnica intachable, hace que nos molesten menos los cinco minutos de publicidad al final de cada serie.


jueves, 24 de julio de 2008

El público invisible

Los que votaron para que Virginia ganará esta edición de OT serán, probablemente, los mismos espectadores que tenía Ana y los Siete o los documentales de sobremesa de La2: muchos, según los productores, y ninguno según el telespectador de a pie. O es que usted conoce a alguien que apoyara a la niñera stripper o a la niña azul?


Más que en la manipulación de los votos, creo en el triunfo de la publicidad. La calidad artística no se puede medir pero sí relativizarse: otros concursantes de OT superaban a la ganadora en torrente de voz, registros, expresividad en el escenario, carisma... y, porqué no decirlo, en simpatía y carácter. Del mismo modo que La Casa Azul o Coral mostraban las miserías musicales del Chikilicuatre pero perdieron frente a él.

¿Por qué? pues porque los españoles somos unos cachondos que a veces votamos para reírnos, cuando se busca a un cantante, y otras para jorobar y congraciarnos con el tío más rancio de la televisión, Risto Mejide. Un publicista polémico, como ha de ser, al que ninguno querríamos como conocido y que, si despreciara a alguien en la calle como lo hace con los concursantes en plató, ya habría recibido algún que otro grito... o bofetón.

Se dedica a insultar a los concursantes y faltarles el respeto con el único fin de ganar audiencia para la cadena. Porque, si bien es cierto que hay que decirles las verdades a la cara, el fin no justifica los medios. Aunque, en este caso, ha conseguido lo que quería: ha hecho ganar a una perdedora y, ahora, se lo rifarán las marcas que quieran que sus productos, buenos o malos, se vendan a porrillo porque, si ha conseguido eso con una chica inexpresiva y repetitiva, es que es un buen publicista.

Estoy segura de que desapareció de la última gala de OT para ir a reírse a su camerino y pensar: ¡Joder! va a ganar la petarda ésta gracias a mí! el año que viene hago que echen a Jesús Vázquez en directo!