Mostrando entradas con la etiqueta Series. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Series. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de septiembre de 2010

Ye-yé, sí... pero de oro... no

Anoche vi, apenas unos minutos, a las nuevas Chicas de Oro de TVE. A priori, la idea me pareció muy buena. Hay una generación de mujeres que no tiene presencia en los medios. Casi no se crean papeles para mujeres de cincuenta o sesenta años en las películas y series españolas. Extraordinarias actrices como Marisa Paredes, Carmen Maura, Lola Herrera,... se ven relegadas a papeles secundarios mientras sí se siguen creando papeles protagonistas para hombres.


Así, con esa predisposición benevolente, puse un ratito Las Chicas de Oro. Es una serie dirigida a un público maduro y femenino, desde esa perspectiva, era agradable y ácido. No pude ver el capítulo entero, así que no quiero opinar más de lo que considero justo. Pero hubo algo que me dejó fría: qué mal actúa Concha Velasco.


No había nada en su interpretación, ni alegría ni sentimiento ni nada de nada. Era como si estuviera pasando el guión en un ensayo con sus compañeras, como si lo estuviera leyendo y esperara el pie para dar la respuesta. Tuvo un par de momentos dramáticos en los que su voz se hizo más grave. Fue prácticamente el único atisbo de interpretación que vi en ella.


Es una señora estupenda con mucho trabajo a su espalda, pero el papel le queda absolutamente grande.


Mucho mejor estuvieron Alicia Hermida y Lola Herrera. Carmen Maura, aunque bordó el papel de ingenua e impredecible en películas como Volver, Mujeres al borde de un ataque de nervios o Ay! Carmela, se queda también un poco tibia dándole vida a Rosa.




lunes, 24 de mayo de 2010

I love LOST



Perdidos es y siempre será la mejor serie de televisión de todos los tiempos.


(Aunque en mi corazón televisivo sigue habiendo un meritorio segundo lugar para Friends)




Nunca una serie ha intrigado a tanta gente de todo el mundo, nunca unos guionistas han sabido sorprender siempre a todos los que especulaban sobre la trama, nunca ha habido tanta acción y tanta creatividad, nunca se había creado un grupo de personajes tan complejos y magistralmente relacionados, jamás se había mezclado la física, la filosofía y lo divino con tanta calidad... se me agotan los halagos para LOST.




Perdidos ha conseguido lo que ningún partido político logra hoy en día: fidelidad. Los seguidores no se saltaban ni un capítulo, no querían leer spoilers ni querían bajarse copias incompletas hasta que no hubiera certeza de que el capítulo estaba correcto. Sus creadores han logrado, incluso, que los españolitos vean series en versión original con subtítulos. El extraordinario doblaje español nos hacía perder los matices que los acentos, entonaciones y registros originales de sus personajes nos ofrecían.




Cuatro apostó por la serie a pesar de que los "lostis" nos bajábamos antes los capítulos de internet y no le dábamos la audiencia que se merecía a la cadena. La mayoría de la gente que me rodea veía Perdidos pero su audiencia en televisión no fue buena nunca. Tal vez por eso Cuatro se vengó con unos subtítulos un poco a destiempo esta madrugada. Un error comprensible y que no dificultaba demasiado la comprensión de los episodios dada la dificultad de realizar la emisión simultánea con Estados Unidos. De cualquier manera, es un poco triste el intento de otros medios por quitarle mérito a la cadena tras el esfuerzo económico que ha hecho por emitir la serie con esta celeridad y buena cobertura.




El final estuvo a la altura de mis expectativas ¿Acaso esperabais que los últimos capítulos fueran un prospecto con respuestas para todas las preguntas? ¿Algún listillo pensaba que había descubierto un final a la altura del que los extraordinarios guionistas nos habían preparado? Si Lost hubiera sido previsible y cerrada no hubiera sido la magnífica serie que es. El final nos hace reflexionar y está abierto a la interpretación de cada uno pues, aunque algunos temas se cierran, otros nos hacen seguir dándole vueltas a estra genial creación audiovisual.




Se cierran algunos episodios y se resuelven las vidas de algunos personajes. Otros enigmas, sin embargo, nos dejan aún con la duda. Para mí, el más inquietante es el de los malditos números. Pero no aspiraba a responder todas las incognitas en los últimos episodios. Los guionistas han contado que LOST es una serie viva que fue creciendo y forjándose día a día. El final no estaba escrito sino que se dejó a la trama evolucionar para seguir sorprendiendo al espectador. Así, se abrieron muchas puertas y era impensable que todas quedarán cerradas en dos horas. No me importa un pimiento de dónde salió el oso polar, lo que me importa es qué pasó con cada uno de los personajes, quién es quién es la isla y porqué se estrelló el vuelo de Oceanic. Y los capítulos finales tuvieron la trascendencia, calidad, acción y emotividad que esperaba.




Enciendo la tele y me falta algo. Ya no tengo más capítulos de LOST que ver... y me da mucha pena. El siempre astuto Said, hasta que se volvió un tanto malo en la última temporada, ya no torturará más; Locke no volverá a poner su insoportable sonrisa maligna; Ben no desconcertará más a nadie con sus turbios ojos azules; Jack no será más el bueno perfecto que insistió en explosionar la bomba; Desmond no volverá a ser tan especial; Kate no huirá de nadie; Sawyer no deslumbrará con su conducta indómita y sus miedos internos... ay! Qué será de la isla sin ellos!! Qué será de nosotros sin ellos!

martes, 29 de diciembre de 2009

Balances...

Al final del año, todos hacemos -o deberíamos hacer- balance de cómo nos han ido las cosas, qué deberíamos cambiar, hacía dónde vamos, qué queremos... Y las cadenas de televisión han hecho lo propio: evaluar cuáles de sus apuestas han sido un éxito -y, por ende, ahondarán en dichos géneros- y cuáles han sido estrepitosos fracasos -y, por tanto, fueron fulminadas instantáneamente.

Me sorprende el fracaso de Saturday Night Live, de Cuatro. Un programa divertido, donde buenos cómicos españoles -y no como los que nos llenan de caspa en Nochebuena y Fin de Año- nos hacían reír con ingenio e inteligencia. Creatividad, música en directo e invitados que vencían el miedo al ridículo para meterse en un trepidante show en directo que no calaron en una audiencia acostumbrada a un humor más simplón y previsible.

Le fue bien, sin embargo, a otra apuesta arriesgada de LaSexta, El Aprendiz. Ciertamente me alegra porque, aunque se tratara de un reality que nos recordaba la depauperada situación del mercado laboral, los protagonistas eran jóvenes españoles sobradamente preparados y eso siempre es de felicitar por la imagen de modernidad, formación y calidad que se da de las nuevas generaciones.

Hubo sonados y previsibles fracasos de series españolas de escasa originalidad y calidad como fueron De repente, los Gomez, Los exitosos Pells o 90-60-90. Todas ellas nacieron con personajes débilmente trazados, con tramas poco verosímiles y sin ese gancho al que las buenas series americanas nos han acostumbrado.

Pero, sin lugar a dudas, del fracaso que más me alegro es del de Dejadnos solos, de Telecinco. ¿Qué clase de padre vende la intimidad de su hijo sin ningún pudor? ¿Con qué excusa lo hacen? Si lo que querían era que vivieran una experiencia con otros niños, bastaba con llevarlos a un campamento de verano. Pero me temo que esos padres, en realidad, querían salir en la tele a cualquier precio y sus hijos fueron meros peones, una coartada para sus ganas de dinero y fama. Era un Gran Hermano infantil y sólo decirlo es una total aberración. Se ha vendido la intimidad de esos niños que, de continuar al programa, podrían haber acabado lesionándose (cocinaban ellos solos) o, lo que es peor, estigmatizados en sus colegios, barrios o incluso internet para siempre por cualquier gag, torpeza o llanto televisado. Porque es cierto que los niños son crueles, pero no lo es menos que las madres y padres que accedieron a televisar la inocencia y naturalidad de sus hijos también lo han sido bastante.


Feliz 2010!!

martes, 23 de diciembre de 2008

Hay Ke Marcharse....

HKM es la nueva apuesta juvenil en las tardes de Cuatro. Se han currado bastante todo el rollo de los protas (hablando en su lenguaje mola mazo de pijas y pordioseras). Han creado blogs, foros y myspaces de Sara Da Pin Up y sus coleguitas. Han escogido actores con un cierto conocimiento de la música, para dar mayor verosimilitud a sus interpretaciones. Es el caso de Teo (Jaime Terrón, de Melocos) o Rober (Christina Mulas, el rapero KBZ).

Todo eso lo tiene HKM (Hablan, Kantan, Mienten...). Pero sólo eso.

Los diálogos son flojos y las tramas forzadas. El tema de la música metido como cebo de una serie está muy manido. Todo en la serie es artificial y poco creíble. Le falta la cohesión a los personajes y la trama. Está hecha con retales de tópicos (ricos contra pobres, malos contra buenos, la guapa contra la talentosa,...) y acabará hecha añicos.

domingo, 5 de octubre de 2008

Mi religión...

Adoro, venero, rindo culto a las series americanas de televisión. Son mi religión personal...

Os recomiendo este artículo de El País en el que, para mi tranquilidad personal descubrí que otros muchos practican mi religión con fervor.




La ficción televisiva vive su época dorada. 'Los Soprano', 'Perdidos', 'Mad Men'... Las series de calidad muestran la mejor narrativa que se hace en el mundo. Ésta es la historia de cómo un electrodoméstico denostado cautivó al mejor talento creativo.

¿Quiere usted disfrutar de una buena historia? Cierre el libro, póngase cómodo y encienda la televisión. Sí, la televisión. "Ésta es una edad dorada de la televisión", dice Concepción Cascajosa, profesora de comunicación audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, "nunca ha habido tantas series de calidad". "¿Edad de oro en la televisión? Sí, en el cable", titulaba The New York Times un artículo reciente. Escritores como Carlos Ruiz Zafón, Juan José Millás, o incluso George Steiner en una reciente entrevista en El País Semanal, coinciden en que si Shakespeare viviera hoy estaría escribiendo guiones para series de televisión. "Las series son en el siglo XXI lo que fue la gran novela del siglo XIX", dice Millás. "Nos entregamos a ellas no porque sean entretenidas (eso es un valor añadido o una coartada), sino por la información que nos dan acerca del mundo en que vivimos".