¡Para que luego digan que Supermodelo no sirvió para nada!
Noelia López y Alba Carrillo, respectivas novias de Guti y Fonsi Nieto, salieron de las primeras ediciones del reality de Cuatro.
El ojo de Gran Hermano es el de Paula Vázquez, curioso :) Lo que se habrá arrepentido esta chica de no cobrar derechos de imagen por él!
Lo ha contado la presentadora en El Hormiguero, que, además, ha explicado que la productora de Gran Hermano es la misma que la de Fama. Eso explic que cada vez se vayan pareciendo más ambos formatos, para desgracia de los seguidores del programa de baile.
La primera edición de Gran Hermano revolucionó España. No exagero: las cifras de audiencia y el debate público sobre cada expulsión eran masivas. Poco después llegó Operación Triunfo y el efecto fue aún mayor. Fue como volver a las cifras de audiencia que tenía TVE cuando era la única cadena. Cada gala era más seguida que un partido de la selección española.
Han pasado diez años. Nosotros hemos crecido y estos programas se han pervertido (que no al revés). Las primeras ediciones de ambos fueron puras. Ganaba el mejor compañero y el más simpático en el programa de Telecinco y el que más había evolucionado y mejor cantaba, en el que comenzó en TVE y también acabó en la cadena de Berlusconi. Con el primero, todos pensábamos que podíamos convivir; del segundo, todos queríamos oír un disco.
Pero pasaron las ediciones y todo se fue pervirtiendo. En la escuela de Triunfitos dejó de ganar el que hacía más méritos vocales y empezaron a aparecer los que daban más juego, los interesantes para crear polémica y rellenar horas en otros programas de la cadena. En Gran Hermano fue mucho más evidente aún: empezaron a ganar los violentos, maleducados y, como ellos dicen, estrategas (una forma encubierta de hablar de falsedad, interés y malicia).
El objetivo de ambos concursos cambió radicalmente. Nunca más se premió la mejor voz y nunca volvió a ganar en Gran Hermano alguien con quien se pudiera convivir mínimamente. El formato se había pervertido definitivamente y ahora ambos son solo fábricas de frikis o personajillos televisivos que ven el programa como una puerta a los platós del corazón.
Hace un par de años comenzó otro reality que apuntaba maneras y que siempre he defendido: Fama, en Cuatro. Un buen programa de entretenimiento, apto para todos los públicos y que defiende el valor del esfuerzo, el arte y la profesionalidad. Este año se ha precipitado su tercera edición y, definitivamente, el formato ha quedado tocado y tal vez hundido.
En las dos (o tres, según se tenga en cuenta la última de grupos) ediciones, los ganadores habían sido escogidos por esos valores: arte, profesionalidad, trabajo… Podían ser los mejores o no, puesto que ese es un criterio totalmente personal, pero objetivamente cumplían con dichos requisitos. Hasta este año.
El ganador de Fama 3 es un chico vago, irrespetuoso con los profesores, mal compañero e irreverente con el público. Eso sí, era muy carismático y polémico. Independientemente de si bailaba bien o mal, que es algo subjetivo, se ha premiado a un futuro friki televisivo. Se ha pervertido la esencia del programa con la connivencia de la dirección, los profesores y, sobre todo, el voto de la audiencia. Todos han contribuido a que Fama llegue a ser un reality más y pierda lo que le salvaba de la quema, lo que parecía un sincero amor por el trabajo y el arte.
Y es que parece inevitable que todos los programas de telerrealidad acaben siendo un nido de personajillos televisivos y, desgraciadamente, en este caso también ha sido así.
Parece ser que ninguna de las grandes cadenas consigue cuajar una programación que enganche a la audiencia durante la franja de sobremesa. Desde hace meses, uno tras otro, todos los intentos han sido fallidos.
Cuando acabó el Tomate, muchos pensaron que había dejado millonesde espectadores huérfanos que buscarían consuelo en otras cadenas, y se frotaron las manos. En esa época, competía conFama, con Amar en Tiempos Revueltos y con Sé lo que hicisteis... (Antena3 ofrecía esperpentos como LaLola y culebrones varios). La telenovela española se ha asentado en la parrilla y ha creado un fiel grupo de seguidores. Es, prácticamente, la única oferta televisiva que no es manifiestamente lesiva para el público infantil y adolescente que ve la tele a esa hora. Fama se alargó y se alargó porque atrajo mucha audiencia a Cuatro. Ha sido una de sus apuestas más existosas desde que comenzó la cadena; un programa blanco en el que se apostaba por la pasión por el arte y el trabajo duro en equipo para conseguir un futuro laboral.
LaSexta aún se ríe de la sentencia en su contra que ganó Tele5. Pero se ríe de puertasafuera, porque sabe que, si le quitan su ración diaria de corazón y visceras, se queda sin materia prima. Y con este programa podría caer el único espacio que se ha asentado duraderamente en la parrilla durante la sobremesa con éxito.
Uno tras otros vimos caer el indescriptible Las Gafas de Avelino (con un nombre destinado al fracaso), Channel nº4 (que, con glamour en su comienzo, sobrevivió un par de años agonizando), Visto y Oído (que no ha encontrado un tono propio entre lo informativo y lo cercano, resultando distante y sin personalidad), el Método Gonzo ( qué hacía el de CQC ahí?), el Método por 2 (qué era esto?), Supermodelo (quería mostrar que ser modelo era más complicado que ser ingeniero!), Circus (imitación barata de Fama),... y, el más reciente, XQ no te callas, una mezcla del Tomate y el CQC más hortera con la fría y sobreactuada Carolina Cerezuela.
Parece ser que, por la famosa crisis, las cadenas están dándole a los programas de sobremesa una segunda oportunidad. No los quitan tan rápido como la audiencia demanda porque intentan sacarles un poquito de rendimiento antes de buscar una nueva producción, que siempre entraña más gastos. Intentaron reciclar Circus para cubrir la programación de los sábados por la noche, con un fracaso tal que les ha impulsado a bajar el telón en una semana (registraron un share del 3%).
Ay!qué lejos quedan las tardes con Jesús Hermida, MariTere Campos o Ana Rosa Quintana como reyes indiscutibles de la programación... Los directores de programación se estarán dando cabezazos en las paredes a ver si a alguien se le ocurre otro formato bueno, bonito y barato que acapare la audiencia como lo hicieron en su día estos gurús mediáticos o series como Al Salir de Clase, Pasión de Gavilanes,... mientras se preguntan: dónde se ha metido la audiencia??
La vida es un proceso de selección constante. Queremos que nos elijan para ser del equipo de fútbol en el patio del colegio; luego luchamos para que nos llegue la nota para hacer la carrera que pensamos que queremos; más tarde, nos esforzamos en el trabajo para que nos encarguen cosas interesantes.
Pero, como todos sabemos, no se trata de un proceso de selección natural. No existe ningún dios omnisciente y justo que garantice que el elegido será el mejor de los candidatos, el que más haya trabajado para ello y el que tenga las cualidades idóneas. Nos hemos tenido que resignar a que, en dicha elección, influyan factores de toda índole que vienen adulterar el proceso de selección. Es el triunfo de la mediocridad, en muchos de los casos... sobre todo, cuando no nos eligen a nosotros. Especialmente cuando el profesor elige al pelota de la clase, que no sabía hacer los deberes y que sólo puedo resolver el ejercicio porque tú se lo habías explicado antes...
Pero los medios de comunicación nos permiten jugar a ser dioses por un día. Me refiero no sólo a que tenemos la capacidad de escoger entre la oferta mediática y comprar un periódico u otro, sino a que, desde hace unos años, han proliferado una serie de programas que nos permiten juzgar a personas y que nuestra decisión sean vital para ellos. Los reality shows, entre otros muchos factores, han triunfado por la capacidad que tenemos los espectadores, desde casa, de hacer y deshacer (o creer que lo hacemos) por tan sólo 1,20€ que cuesta un sms. Tal es su éxito, que algunas cadenas los han convertido en un elemento de continuidad en sus programaciones, como lo son los informativos. Es el caso de Telecinco y de Cuatro.
Pero lo verdaderamente interesante es cómo ambas cadenas han conseguido hacer del proceso de selección, del casting, un evento en sí. Se ha trasladado el objeto de atención al proceso de selección. Con una visión histriónica de los polis buenos y malos, las productoras han conseguido crear un nuevo tipo de programa que se basa, simplemente, en mostrarnos cómo se juzga con crueldad a los demás. Nos sentamos en casa y vemos cómo se insulta a unos chavales de forma despiadada... y nos reímos. Porque es el único lugar en el que podemos jugar a ser jueces y en el que nos podemos vengar de todas las críticas injustas que hemos recibido en nuestra vida, de los que no nos valoraron por nuestras aptitudes sino por sus peregrinas manías.
Entiendo porqué vemos esos programas de casting, pero no entiendo porqué se somete la gente a ellos (no les juzgan ya bastante a diario? sin que medien las cámaras?). Nadie que participe en Operación Triunfo, Gran Hermano, Supermodelo o similar debe esperar 'salir colocado'. Eso ya pasó, hubo saturación en el mercado. Probablemente sea porque alguno espera que le toque la china y no sea juzgado por las cualidades que se buscan en el programa sino por simpatía o patetismo (no es el caso de Esther en OT, Amparo en Supermodelo o Marcos en Fama?). Y lo peor es que, a algunos les sale bien! Y eso, con ese nivel de incongruencia, sólo pasa en la televisión... o no? Es más, en algunos casos les sale muy bien... que se lo diga a Chikilicuatre!
Lo más curioso es que a estos tres personajes televisivos les ha ido bien precisamente porque han sido votados por otras cualidades, muy diferentes a las que se buscaba en el programa. Y eso es justo lo que nos molesta tanto en la vida real: que escojan a un compañero nuestro porque es más afín o graciosillo que nosotros, pero no porque esté más capacitado. Sin embargo, ven a estos chavales en la tele y hace gracia su patetismo, su verdadera confianza en sus inexistentes aptitudes, y el público se congracia con ellos y les da su apoyo, en detrimento de otros más válidos.
Cómo es el telespectador... Nos gusta jugar a ser dios para poder hacerlo tan mal como él.
Al igual que he defendido anteriormente la calidad del programa Fama hoy me levanto del sofá casi mareada de tanta y tanta sorpresa, tanto sms y tanto dramatismo. El programa ya tenía audiencia sin prolongarse ad infinitum, sin ser tan excesivo en llantos, severidad de los profesores y alumnos malos que sólo permiten al programa ganar tiempo para que la cadena haga caja mientras se le ocurre un espacio de calidad que lo sustituya y arrastre a la audiencia.
A veces termina un programa y te da pena, porque no te importaría dedicarle un ratito de tu vida cada día. Es el caso de Friends o Lost. No es que el programa de Cuatro se haya hecho largo, es que han saturado cada emisión tanto que se ha desvirtuado lo que atrajo a la audiencia: el baile y los chicos. Cada día coreografía nueva, el sms pertinente, la salida de un concursante, la llegada de otro, la bronca hiperdramática de Lola, Víctor aprendiendo a balbucear sus primeras palabras... La calidad de una serie o un concurso se mide a lo largo de todos los programas. A veces es mejor que finalice en su mejor momento, para dejar al público con ganas de más, o, al menos, no dejarlo quemarse demasiado para que deje un buen sabor de boca.
Hoy ha sido demasiado... no hace falta tanto. Con 24 horas de emisión y veinte concursantes hay material suficiente para llenar un programa con vídeos de su quehacer diario y los bailes programados. Hasta a los chicos se les está haciendo largo el encierro; más aún porque no saben por cuánto tiempo estarán allí y porque, como lo mucho cansa, es normal que estén cansados de tantas y tantas broncas y escenas melodramáticas por parte de algunos profesores. Un poco de alegría nunca viene mal. Sergio Alcover es, sin duda, un ejemplo de bailarín con talento y respeto hacia los alumnos. Que conste que todos los demás son, igualmente, grandes profesionales y que la severidad es necesaria para sacar el máximo de los alumnos, pero ponerse en el lugar de los que están aprendiendo y hablarles como te gustaría que te hablaran a ti nunca viene mal.
He decidido escribir porque, sinceramente, me parece un programa recomendable y apto para todos los públicos y con un mensaje positivo sobre el afán de superación y el esfuerzo. Con la sobrecarga de sms y tensiones de los últimos días, creo que se está convirtiendo en un reality show más y, sin duda, eso no es nada bueno.
Lo mucho cansa, sí, pero lo poco también.
He visto aproximadamente cinco minutos del ¿nuevo? programa de Carmen Alcayde y me ha parecido el tomatito. Si metes el CQC y Aquí hay tomate en un cubo, lo dejas pudrirse al sol y extraes la gracia que le quede al invento de hacer preguntas divertidas llevando gafas, tienes el decadente Las gafas de Angelino. Es tan insulso, tan falto de gracia y originalidad en el guión, que huele mal; tanto que me da en la nariz que no dura ni una semana más. Es un programa con un título tan malo que ya avecina lo poco que va a durar.
Pero no hay problema!! Telecinco pondrá, a esa hora, los resúmenes de Operación Triunfo que ya empieza! Jugada redonda.
Un reality show a media tarde... esperemos que sea el único.
¡No ha sido tan difícil decirlo! Ha sido como admitir que me leí El Código Da Vinci y queme enganchó. Los que se autoproclaman 'amantes de la buena literatura' despellejan a Dan Brown y tachan al libro de esperpéntico; pero estoy segura de que se matan por escribir una obra que cautive a tanta gente de países diferentes con un libro que, cuanto menos, exige un poco de interés por la historia.
Pues Fama me divierte. Y los imperturbables defensores de la televisión de calidad dirán que no aporta nada intelectual a la sociedad y que no es más que otro reality. Pero no sólo de documentales vive el telespectador!
Me parece un programa 'blanco', apto para todos los públicos porque no ofende a nadie y viene a demostrar que, en cualquier ámbito de la vida, hay que trabajar con tesón para obtener lo que se desea. A ello se une que los protagonistas son gente joven, dinámica, y que el programa elude los conflictos personales y el morbo: se han dado cuenta de que con buena música, profesores muy especiales y chicos sanos y carismáticos tienen bastante para captar a la audiencia.
Entonces aparece la parte de programa concurso televisivo a enturbiarlo todo un poco aunque, por otra parte, es imprescindible y le da un sello personal (y un poco de adrenalina por la constante competición). Por una parte, me parece excesivo en ocasiones el dramatismo del jurado y los profesores en sus técnicas pedagógicas y sus comentarios (¿a alguien le gusta que le enseñen gritándole constantemente como hace el especialísimo Rafa Méndez?). Igualmente, Paula Vázquez, sin llegar al tremendismo de La Selva de los Famosos, a veces intenta cargar las escenas de la vida cotidiana de un negativismo del que, en realidad, carece. En su faceta más alegre, la que desarrolla últimamente, encaja mucho mejor con la filosofía del programa
Por la otra, la pésima realización que, en mitad de un baile colectivo, intenta ofrecer un plano detalle que se va abriendo a un ritmo tan lento que, cuando quiere captarlo todo, los bailarines están en otra parte del escenario [la realización no sólo no mejora sino que es incluso peor en las galas. Que dejen de hacer planos cortos en un baile y de mover tanto la cámar, ya se mueven los bailarines]. En el ámbito de las tecnologías, cabe decir que la página web tampoco está a la altura del programa pues no ofrece los vídeos que diariamente pueden verse en directo.
Tampoco comparto la decisión de hacer entrar una pareja nueva cada semana en la academia. No hay que hacer durar a los programas demasiado pues pierden fuelle e interés. Es mejor que acaben poco después de su cumbre de popularidad para que la audiencia no se canse y se quede con ganas de... la previsible segunda edición.
Sin lugar a dudas, es lo menos nocivo que los niños y jóvenes pueden ver en esa franja horaria de protección especial. Para los más mayores, un programa divertido, dinámico y que te saca del tedio de los programas de telerrealidad en los que un puñado de vaguetes se esforzaba en hacerse famoso por la patilla.
Es, en conclusión, un buen programa de entretenimiento.