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jueves, 28 de octubre de 2010

Sobredosis de Milá

Mercedes Milá ha perdido todo referente del mundo exterior. Sólo se escucha a ella misma, sólo habla ella y le encanta el sonido de su voz. Espejito, espejito, díme quién es la protagonista de este programa.

Una nueva edición de Gran Hermano nos aburre de nuevo desde Tele5. Me aventuro a decir que, a tenor del grupito de guapetes y chicas monas, el programa está en las últimas; el cásting es de lo menos original de los últimos años y el objetivo está más claro que nunca: quieren sexo!! Edredoning para la audiencia!! Las peleas han vendido durante mucho tiempo pero ya tocaba variar así que han pensado que, después de la violencia y la ordinariez, lo más rentable era el vouyerismo puro y duro: flirteos y sexo para que haya mucho que comentar en Sálvame, Ana Rosa, Enemigos Íntimos, Vuélveme Loca... en fin, para tener toda la programación de Tele5 cubierta con escarceos sentimentales varios.


Y en ello anda Milá. Aunque prometió que intentaría ser objetiva esta edición -lo que provoca grandes dosis de hilaridad-, en la gala de esta noche está siendo ofensiva, parcial y extremadamente protagonista... lo normal, por otra parte. Ha perdido toda la credibilidad que tuvo, ya no queda ni huella de la Milá periodista y comprometida socialmente. Está pagada de sí misma, no deja que el concursante responda a sus preguntas, no quiere que responda porque prefiere hablar ella.

En su blog ha dicho que la jocosa Felipe y Letizia le ha conmovido. Ya sabemos que Tele5 le daba el caramelito de Diario D para que acallara su conciencia de periodista inconformista convertida en show-woman ególatra, así que parece que ahora le ha tocado devolverle el favor con la terrible tv movie que nadie ha valorado positivamente (ni en su propia cadena). Desde Ana Rosa hasta Peñafiel, pasando por todos los críticos serios y medios de comunicación, nadie ha encontrado ni la calidad ni la fidelidad en una serie que rozaba el surrealismo de Muchachada Nui en algunas frases .


Por cierto, cómo pueden sostener Antena 3 y Tele5 que ganaron en audiencias? El que no se contenta con las cifras es porque no quiere.

Milá ha dicho hoy que el concursante lleva los "huevos pelaos" y que la "polla parece un pollo desplumado". Son las frases más estridentes, pero lo peor es la actitud de superioridad y el deseo de eclipsar cualquier momento del programa con sus opiniones y comentarios.
Ya nadie se cree Gran Hermano y nadie se cree a Milá.

martes, 26 de enero de 2010

Pervertidos

La primera edición de Gran Hermano revolucionó España. No exagero: las cifras de audiencia y el debate público sobre cada expulsión eran masivas. Poco después llegó Operación Triunfo y el efecto fue aún mayor. Fue como volver a las cifras de audiencia que tenía TVE cuando era la única cadena. Cada gala era más seguida que un partido de la selección española.


Han pasado diez años. Nosotros hemos crecido y estos programas se han pervertido (que no al revés). Las primeras ediciones de ambos fueron puras. Ganaba el mejor compañero y el más simpático en el programa de Telecinco y el que más había evolucionado y mejor cantaba, en el que comenzó en TVE y también acabó en la cadena de Berlusconi. Con el primero, todos pensábamos que podíamos convivir; del segundo, todos queríamos oír un disco.


Pero pasaron las ediciones y todo se fue pervirtiendo. En la escuela de Triunfitos dejó de ganar el que hacía más méritos vocales y empezaron a aparecer los que daban más juego, los interesantes para crear polémica y rellenar horas en otros programas de la cadena. En Gran Hermano fue mucho más evidente aún: empezaron a ganar los violentos, maleducados y, como ellos dicen, estrategas (una forma encubierta de hablar de falsedad, interés y malicia).


El objetivo de ambos concursos cambió radicalmente. Nunca más se premió la mejor voz y nunca volvió a ganar en Gran Hermano alguien con quien se pudiera convivir mínimamente. El formato se había pervertido definitivamente y ahora ambos son solo fábricas de frikis o personajillos televisivos que ven el programa como una puerta a los platós del corazón.


Hace un par de años comenzó otro reality que apuntaba maneras y que siempre he defendido: Fama, en Cuatro. Un buen programa de entretenimiento, apto para todos los públicos y que defiende el valor del esfuerzo, el arte y la profesionalidad. Este año se ha precipitado su tercera edición y, definitivamente, el formato ha quedado tocado y tal vez hundido.


En las dos (o tres, según se tenga en cuenta la última de grupos) ediciones, los ganadores habían sido escogidos por esos valores: arte, profesionalidad, trabajo… Podían ser los mejores o no, puesto que ese es un criterio totalmente personal, pero objetivamente cumplían con dichos requisitos. Hasta este año.


El ganador de Fama 3 es un chico vago, irrespetuoso con los profesores, mal compañero e irreverente con el público. Eso sí, era muy carismático y polémico. Independientemente de si bailaba bien o mal, que es algo subjetivo, se ha premiado a un futuro friki televisivo. Se ha pervertido la esencia del programa con la connivencia de la dirección, los profesores y, sobre todo, el voto de la audiencia. Todos han contribuido a que Fama llegue a ser un reality más y pierda lo que le salvaba de la quema, lo que parecía un sincero amor por el trabajo y el arte.

Y es que parece inevitable que todos los programas de telerrealidad acaben siendo un nido de personajillos televisivos y, desgraciadamente, en este caso también ha sido así.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Mercedes "La Perdonavidas"

Me engañaba a mí misma al pensar que Mercedes Milá seguía siendo humana: es una devoradora de carne fresca.
Hace algunos años, para reflotar un Gran Hermano que parecía que no iba a pasar de la cuarta edición, Tele5 contrató a Pepe Navarro (el que escarbó en los restos de las niñas de Alcasser en Esta noche cruzamos el Mississippi). Fue la edición más morbosa, agria y tensa... hasta ese momento. Al año siguiente, decidieron volver al buenrollismo de Mercedes Milá, la amiga de los concursantes, enemiga de los fumadores y risueña entusiasta de los líos de cama y las torpezas de los concursantes.

Pero esa fase se acabó. Milá-Navarro es una depredadora que tiene muy claro quién le cae bien y qué concursante se merece que le expulsen. Pepe Navarro es más light que Anne Igartiburu a su lado. Lejos de ser una presentadora seudoimparcial, es una fan a la que le han dado la oportunidad de presentar el show. Y fustiga a los concursantes que le caen mal, no les deja hablar, les mira con desprecio... mientras sonríe a los que a ella le gustan y les acompaña las explicaciones para que se les entienda.

Anoche la vi, brevemente, hundiendo a una chavala mientras exaltaba sin pudor las cualidades de otro. Para qué siguen haciendo el debate de los domingos sin con Milá ya está todo opinado

Ya no te creo, Mercedes. GH ya no es el precio que tienes que pagar para hacer Diario D, es tu campo de batalla particular, donde santificar a unos y vencer a otros. Le has dado una vuelta más a la tuerca de tu naturalidad y vehemencia, antes apreciadas, y te has pasado de histriónica y protagonista.


lunes, 22 de septiembre de 2008

Un programa 10?



Un programa 10 es novedoso, sorprendente, positivo y enriquecedor para el que lo ve. Después de 10 ediciones, por qué los españoles seguimos viendo Gran Hermano?


Somos el único país del mundo que ha sufrido casi una década de este reality que fue, sin duda, revolucionario en la televisión pero que, actualmente, no sólo está desgastado sino que ya ha perdido su capacidad de regenerarse. Comenzó siendo un experimento sociológico (adulterado) y se perpetuó alternando concursantes tremendamente maleducados y broncosos con otros más singurales, atractivos o representantes de la España más profunda. Sin duda, ha habido excepciones en todos estos años de castings, gente "normal" (si es que alguien que vende su intimidad puede adaptarse a lo que consideramos normal) que no buscaba la fama a cualquier precio sino pasarlo bien y ganar un dinerillo. Pero ya está todo visto: bodas, divorcios, sexo en directo, peleas verbales, agresiones, incultura a raudales, humor de cara a la cámara, enamoramientos, borracheras, amistad, compañerismo, estrategias bélicas,... qué esperamos volver a ver? Han entrado representantes de la mayoría estadística y de la inmensa minoría (transexuales, discapacitados, extranjeros de todo el mundo, prostitutas, cursis redomadas, machistas intratables,...).


Es cierto que vemos cientos de comedias y películas románticas en nuestra vida. Cada una es diferente de la anterior aunque se mantiene ese tono, ese estilo, que nos engancha. Tal vez por ello sigamos viendo GH: nos gusta el drama, el morbo, las relaciones de los demás y pensamos que cada año es diferente en todo salvo en que sigue siendo igual en el fondo. Cambian las caras, los nombres, pero sucede lo mismo. Nos dejan mirar, complacientemente, su intimidad. Podemos comprobar si los raros somos nosotros o si estas personas hacen las mismas cosas en su casa que nosotros en las nuestras.


Pero no son sólo personas y no es su casa: son concursantes, no son ingenuos conejillos de indias de un programa que les sobrepasa. Conocen todas las claves del programa, los juegos, las mentiras pactadas, la trascendencia de sus palabras,... saben dar la mejor cara a la cámara. En las primeras ediciones se decía que nadie podía estar tres meses fingiendo una personalidad que no tenía, pero ya nadie lo cuestiona... o es que no conocéis a alguien que lleve veinte años soportando un matrimonio que detesta? o alguien que tarda años en salir del armario? Pues imaginad si le dieran 300.000€ por aguantar sólo 3 meses.


Está todo inventado, se han probado todas las estrategias: el graciosillo, la mujer callada, el bonachón ingenuo, el estratega guapito, la tigresa herida por el amor, el friki, la madre de la casa, el cateto... Y la única que nos sigue vendiendo que todo es nuevo es Mercedes Milá. Esta profesional me desconcierta. Su lado progresista, su compromiso con las causas en las que cree, chirría con su histrionismo al frente de este programa. Lamentablemente creo que lo que verdaderamente le sorprende es ver el cheque al final de mes y saber que sólo así puede seguir haciendo su Diario D. Mira que me parece sincera y divertida, en general, pero creo que ayer fue la única que quería creerse que el programa era diferente en algo a las 9 anteriores ediciones.


Parece que a los españoles (al menos a 4,5 millones) les sigue gustando ver la intimidad de gente corriente, no de famosos glamourosos que protagonicen portadas de revistas del corazón sino de vecinos como el que hay al otro lado de la pared. Pues que sepan que, simplemente, bajando a la calle, tomando un café en un bar o paseando al perro pueden conocer a esos semejantes en la verdadera vida real.