lunes, 16 de junio de 2008

Centralismo y Sequía

No se ha acabado la sequía en España.

No ha llovido todo el mes de mayo.

Los pantanos no han recuperado su nivel de meses anteriores.


No, esto sólo ha sucedido en Cataluña y en Madrid, al parecer. Pero Andalucía sigue padeciendo una sequía pertinaz. Los pantanos de Málaga están al 28% de su capacidad y porque hay uno, en Marbella, que está al 100% y maquilla la sequía de los demás.


Padecemos el centralismo informativo en todos los aspectos. Las caravanas que causan las obras M40 nos llegan en los informativos nacionales y, personalmente, no me afecta para nada. En Málaga se han vivido algunos de los incidentes más preocupantes de la huelga del transporte pero sólo preocupaba que se colapsaran los accesos a Madrid.


Y en Barcelona ya tienen agua! me parece genial, me alegra infinitamente que esta gran ciudad no tengra problemas de abastecimiento. Pero en Andalucía, la región más poblada de España, no llueve y no ha llovido en mayo como lo ha hecho en el resto del país. Seguro que, si eres de León, de Tarragona o de Guadalajara pensarás que ha habido un mayo genialmente lluvioso para todos porque no ha habido periódico ni televisión que no haya comentado el espejismo del minitrasvase a Barcelona. El error del Gobierno o su buena voluntad, según se mire.


Pero hay que mirar más allá. En Andalucía occidental sufrimos el quinto año de sequía consecutivo. La sequía informativa sobre este hecho es igualmente alarmante. El centralismo madrileño y catalán nos asfixia haciendo creer que de su lluvia bebemos todos.

miércoles, 11 de junio de 2008

Miedo

La gente sensata se resiste pero el miedo corre como una mecha encendida en la pólvora de la alarma televisada, del nerviosismo contagioso y del consumismo compulsivo. Frente al lícito derecho de los transportistas de ponerse en huelga, tenemos que responder con normalidad y sin caer en el pánico ni el tremendismo. No estamos en guerra, no vamos a morir de hambre, no veremos los coches abandonados en mitad de la autovía como en La Guerra de los Mundos.

La huelga es indefinida porque no tiene fecha de fin establecida, pero no porque vaya a durar para siempre. También es indefinida porque no se sabe muy bien qué es lo que se pretende con ella en tanto el Gobierno no fija el precio del combustible.


Y, en este panorama, caigo en el eterno dilema de las huelgas: es normal que una huelga cause molestias al resto de ciudadanos, pero ¿hasta qué punto es lícito llevar esas molestias al máximo? Tenemos que soportar que escaseen los alimentos frescos en el súper (más por el alarmismo consumista que por el desabastecimiento real) pero, ¿por qué los camioneros están provocando caravanas en el acceso a las ciudades? ¿por qué fuerzan la máquina?

Las consecuencias no directas de las huelgas, las agudizadas y forzadas, causan el hartazgo de la población. Eso puede desembocar en que el histerismo se transforme en apoyo a los huelguistas frente a un Gobierno impasible; pero también en que la población se hastíe y no entienda qué se reclama exactamente porque, para todos nosotros, la gasolina ha subido y no podemos pretender que un gobierno paternalista nos solucione la vida.

Sin duda, la subida del combustible afecta más a los que viven directamente de él. Pero habría que rascar en la superficie del problema y ver, por una parte, que las grandes empresas del transporte tienen un margen de beneficio muy alto que, sin duda, puede y tiene que corregirse a la baja, como reclama la economía actual. Y, en segundo lugar, que el Gobierno no debe realizar una intervención tan brusca en el mercado económico actual. El intervencionismo económico sería poner un parche a una situación que tiene que fluir y reconducirse negociando; una cosa es establecer un marco legal justo para el sector, otra realizar una inyección económica que calle temporalmente las bocas y llene las carteras. Hay que adoptar medidas para que el mundo del transporte tenga una mejor y más justa redistribución de su evidente riqueza, pero han de saber que sentirán la crisis al igual que los panaderos, artistas o ingenieros.

La radio acaba de decir que los taxistas también van a empreder una jornada de paro por la subida del carburante. Señores, no olvidemos que el taxi, hace escasos tres meses, subió el precio de la bajada de bandera y del kilómetro considerablemente por este mismo motivo. A ver si vamos a aprovechar la coyuntura para pedir todos un poquito al Gobierno y ahogar las arcas públicas...

De cualquier manera, el histerismo se apodera de los españoles como la ceguera blanca de Saramago. Lo que verdaderamente aterra es imaginarse a una población temerosa de sí misma, agresiva y desconfiada que, ante la falta sobrevenida de comida, se alimente con algunos medios que aún no han entendido que no todo vale para hacer oposición; que el alarmismo y meter el miedo en el cuerpo de los ciudadanos no es la forma de acabar con el Gobierno sino que es la información, no la opinión, la que nos hará libres.

[Hoy, lunes 16, los autónomos y pequeños empresarios han abandonado sus medidas de protesta para no agudizar más la crisis del sector. Las medidas pactadas por los grandes y el Gobierno no fueron justas para los camioneros autónomos. El Gobierno se escuda en que ha dado ayudas que satisfacen a todos, pero lo cierto es que ha sido como crear una ley de comercio que trate por igual a El Corte Inglés con Ultramarinos Pérez.]

miércoles, 21 de mayo de 2008

Jugar a ser dios

La vida es un proceso de selección constante. Queremos que nos elijan para ser del equipo de fútbol en el patio del colegio; luego luchamos para que nos llegue la nota para hacer la carrera que pensamos que queremos; más tarde, nos esforzamos en el trabajo para que nos encarguen cosas interesantes.

Pero, como todos sabemos, no se trata de un proceso de selección natural. No existe ningún dios omnisciente y justo que garantice que el elegido será el mejor de los candidatos, el que más haya trabajado para ello y el que tenga las cualidades idóneas. Nos hemos tenido que resignar a que, en dicha elección, influyan factores de toda índole que vienen adulterar el proceso de selección. Es el triunfo de la mediocridad, en muchos de los casos... sobre todo, cuando no nos eligen a nosotros. Especialmente cuando el profesor elige al pelota de la clase, que no sabía hacer los deberes y que sólo puedo resolver el ejercicio porque tú se lo habías explicado antes...

Pero los medios de comunicación nos permiten jugar a ser dioses por un día. Me refiero no sólo a que tenemos la capacidad de escoger entre la oferta mediática y comprar un periódico u otro, sino a que, desde hace unos años, han proliferado una serie de programas que nos permiten juzgar a personas y que nuestra decisión sean vital para ellos. Los reality shows, entre otros muchos factores, han triunfado por la capacidad que tenemos los espectadores, desde casa, de hacer y deshacer (o creer que lo hacemos) por tan sólo 1,20€ que cuesta un sms. Tal es su éxito, que algunas cadenas los han convertido en un elemento de continuidad en sus programaciones, como lo son los informativos. Es el caso de Telecinco y de Cuatro.

Pero lo verdaderamente interesante es cómo ambas cadenas han conseguido hacer del proceso de selección, del casting, un evento en sí. Se ha trasladado el objeto de atención al proceso de selección. Con una visión histriónica de los polis buenos y malos, las productoras han conseguido crear un nuevo tipo de programa que se basa, simplemente, en mostrarnos cómo se juzga con crueldad a los demás. Nos sentamos en casa y vemos cómo se insulta a unos chavales de forma despiadada... y nos reímos. Porque es el único lugar en el que podemos jugar a ser jueces y en el que nos podemos vengar de todas las críticas injustas que hemos recibido en nuestra vida, de los que no nos valoraron por nuestras aptitudes sino por sus peregrinas manías.

Entiendo porqué vemos esos programas de casting, pero no entiendo porqué se somete la gente a ellos (no les juzgan ya bastante a diario? sin que medien las cámaras?). Nadie que participe en Operación Triunfo, Gran Hermano, Supermodelo o similar debe esperar 'salir colocado'. Eso ya pasó, hubo saturación en el mercado. Probablemente sea porque alguno espera que le toque la china y no sea juzgado por las cualidades que se buscan en el programa sino por simpatía o patetismo (no es el caso de Esther en OT, Amparo en Supermodelo o Marcos en Fama?). Y lo peor es que, a algunos les sale bien! Y eso, con ese nivel de incongruencia, sólo pasa en la televisión... o no? Es más, en algunos casos les sale muy bien... que se lo diga a Chikilicuatre!
Lo más curioso es que a estos tres personajes televisivos les ha ido bien precisamente porque han sido votados por otras cualidades, muy diferentes a las que se buscaba en el programa. Y eso es justo lo que nos molesta tanto en la vida real: que escojan a un compañero nuestro porque es más afín o graciosillo que nosotros, pero no porque esté más capacitado. Sin embargo, ven a estos chavales en la tele y hace gracia su patetismo, su verdadera confianza en sus inexistentes aptitudes, y el público se congracia con ellos y les da su apoyo, en detrimento de otros más válidos.
Cómo es el telespectador... Nos gusta jugar a ser dios para poder hacerlo tan mal como él.

martes, 15 de abril de 2008

Otra del Gran Wyoming!

Genial! El GranW es un crítico audaz, carismático y tremendamente cómico.

La Organización Mundial de la Salud recomienda media hora de humor inteligente todos los días (o debería): en El Intermedio la tienes garantizada. Algunos momentos, como el "Chikifacha" están especialmente concentrados: consúmelo sin precaución.

lunes, 7 de abril de 2008

Lo mucho y lo poco

Lo mucho cansa y lo poco... a veces también.

Al igual que he defendido anteriormente la calidad del programa Fama hoy me levanto del sofá casi mareada de tanta y tanta sorpresa, tanto sms y tanto dramatismo. El programa ya tenía audiencia sin prolongarse ad infinitum, sin ser tan excesivo en llantos, severidad de los profesores y alumnos malos que sólo permiten al programa ganar tiempo para que la cadena haga caja mientras se le ocurre un espacio de calidad que lo sustituya y arrastre a la audiencia.

A veces termina un programa y te da pena, porque no te importaría dedicarle un ratito de tu vida cada día. Es el caso de Friends o Lost. No es que el programa de Cuatro se haya hecho largo, es que han saturado cada emisión tanto que se ha desvirtuado lo que atrajo a la audiencia: el baile y los chicos. Cada día coreografía nueva, el sms pertinente, la salida de un concursante, la llegada de otro, la bronca hiperdramática de Lola, Víctor aprendiendo a balbucear sus primeras palabras... La calidad de una serie o un concurso se mide a lo largo de todos los programas. A veces es mejor que finalice en su mejor momento, para dejar al público con ganas de más, o, al menos, no dejarlo quemarse demasiado para que deje un buen sabor de boca.

Hoy ha sido demasiado... no hace falta tanto. Con 24 horas de emisión y veinte concursantes hay material suficiente para llenar un programa con vídeos de su quehacer diario y los bailes programados. Hasta a los chicos se les está haciendo largo el encierro; más aún porque no saben por cuánto tiempo estarán allí y porque, como lo mucho cansa, es normal que estén cansados de tantas y tantas broncas y escenas melodramáticas por parte de algunos profesores. Un poco de alegría nunca viene mal. Sergio Alcover es, sin duda, un ejemplo de bailarín con talento y respeto hacia los alumnos. Que conste que todos los demás son, igualmente, grandes profesionales y que la severidad es necesaria para sacar el máximo de los alumnos, pero ponerse en el lugar de los que están aprendiendo y hablarles como te gustaría que te hablaran a ti nunca viene mal.

He decidido escribir porque, sinceramente, me parece un programa recomendable y apto para todos los públicos y con un mensaje positivo sobre el afán de superación y el esfuerzo. Con la sobrecarga de sms y tensiones de los últimos días, creo que se está convirtiendo en un reality show más y, sin duda, eso no es nada bueno.

Lo mucho cansa, sí, pero lo poco también.
He visto aproximadamente cinco minutos del ¿nuevo? programa de Carmen Alcayde y me ha parecido el tomatito. Si metes el CQC y Aquí hay tomate en un cubo, lo dejas pudrirse al sol y extraes la gracia que le quede al invento de hacer preguntas divertidas llevando gafas, tienes el decadente Las gafas de Angelino. Es tan insulso, tan falto de gracia y originalidad en el guión, que huele mal; tanto que me da en la nariz que no dura ni una semana más. Es un programa con un título tan malo que ya avecina lo poco que va a durar.

Pero no hay problema!! Telecinco pondrá, a esa hora, los resúmenes de Operación Triunfo que ya empieza! Jugada redonda.

Un reality show a media tarde... esperemos que sea el único.

jueves, 13 de marzo de 2008

Inmoralidad

Esta mañana, la sociedad consumista e inmoral en que vivimos ha vuelto a mostrar la peor parodia de sí misma en el programa Espejo Público, de Antena 3.


El rebuscador de basura, Albert Castillón, tristemente famoso por regodearse en la miseria ajena, los asesinatos infantiles y los caminos secundarios de caso Malaya, contaba esta mañana a Susana Griso que los agentes de aduanas de Algeciras se han incautado de 6 contenedores gigantescos de ropa, calzados y accesorios minuciosamente falsificados. La periodista le hizo la pregunta del millón: "y qué harán ahora con esta mercancia?". Castillón no dudó: "pues destruirla... imagínate que eres el dueño de Dolce & Gabbana y va cualquiera vestiendo ropa tuya falsificada".



¡Qué horror ver a un pobre con zapatos falsos! Que vayan descalzos, que eso es lo verdadero. Mejor pobre, descalzo, desnudo, que lucir suntuosos ropajes que les hagan ver que son ciudadanos de segunda, que sólo aspirar a aparentar poder derrochar dinero.

¿Y qué sucede si el humo que produce la pira de Guchi, Armoni, Polex y Nique daña la capa de ozono? ¿Pobres... ozono?

Escuchamos cosas así y la injustica llega a pasar desapercibida, como un suave chapoteo que ya no logra calar nuestra conciencia.




lunes, 10 de marzo de 2008

Elecciones...

Como dice el Gran Wyoming, ¡lo que España vota, va a misa!


No sé si estará más disgustado Aznar, que ve como España refrenda la política social, económica y territorial de Zapatero, o Uribarri, al borde del infarto al ver a Chikilicuatre arrasar en Salvemos Eurovisión.

La democracia es así. Hoy me siento doblemente contenta.

Eurovisión es un concurso que tuvo su momento de apogeo hace décadas, cuando España anhelaba estar en la Unión Europea. O cuando acabábamos de entrar y nos fascinaba todo lo que viniera de Francia o Italia. Pero ahora ya somos un país más, igual de moderno y de interesante que cualquier otro estado europeo.

La verdadera unión la hacen los jóvenes que viajan cada vez que pueden a otro país, los que leen prensa internacional, los que se hacen con la música que les gusta saltándose las fronteras o quienes amplían sus negocios por Europa. Eurovisión ya no es lo que era... ya no es casi nada.

Entiendo el enfado de los que han seguido Eurovisión toda la vida, porque creen que esta elección es injusta para los que son cantantes de verdad y porque nos puede hacer aparecer como unos humoristas irrespetuosos en Europa. Pero han de entender, primero, que la democracia es justamente aceptar la opinión de la mayoría porque cada voto vale lo mismo, sea de un amante de la música, de un progresista convencido o de un irónico empedernido. Y, segundo, porque Eurovisión no significa ya casi nada para nadie y hechos como éste vienen a demostrar que es un forma de intercambio cultural muy obsoleta.

Los amantes del festival deben pensar con la cabeza fría y alegrarse porque éste va a ser el concurso más visto desde aquel en que participó Rosa (otra fórmula participativa que, en su momento, renovó el sistema de elección e involucró a los telespectadores) y porque, a buen seguro, el año que viene TVE (que no olvidemos es a quién realmente representa el cantante elegido) se atará los machos y no dejará cabo suelto para que el elegido sea digno.

La ciudadanía ha hablado. La campaña conservadora ha fallado, la campaña del miedo se estrelló contra la realidad y ahora toca a los perdedores evaluar daños y renovarse. La campaña de crispación fracasó. Gabinete de crisis en el PP.