La Organización Mundial de la Salud recomienda media hora de humor inteligente todos los días (o debería): en El Intermedio la tienes garantizada. Algunos momentos, como el "Chikifacha" están especialmente concentrados: consúmelo sin precaución.
martes, 15 de abril de 2008
Otra del Gran Wyoming!
Genial! El GranW es un crítico audaz, carismático y tremendamente cómico.
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lunes, 7 de abril de 2008
Lo mucho y lo poco
Lo mucho cansa y lo poco... a veces también.
Al igual que he defendido anteriormente la calidad del programa Fama hoy me levanto del sofá casi mareada de tanta y tanta sorpresa, tanto sms y tanto dramatismo. El programa ya tenía audiencia sin prolongarse ad infinitum, sin ser tan excesivo en llantos, severidad de los profesores y alumnos malos que sólo permiten al programa ganar tiempo para que la cadena haga caja mientras se le ocurre un espacio de calidad que lo sustituya y arrastre a la audiencia.
A veces termina un programa y te da pena, porque no te importaría dedicarle un ratito de tu vida cada día. Es el caso de Friends o Lost. No es que el programa de Cuatro se haya hecho largo, es que han saturado cada emisión tanto que se ha desvirtuado lo que atrajo a la audiencia: el baile y los chicos. Cada día coreografía nueva, el sms pertinente, la salida de un concursante, la llegada de otro, la bronca hiperdramática de Lola, Víctor aprendiendo a balbucear sus primeras palabras... La calidad de una serie o un concurso se mide a lo largo de todos los programas. A veces es mejor que finalice en su mejor momento, para dejar al público con ganas de más, o, al menos, no dejarlo quemarse demasiado para que deje un buen sabor de boca.
Hoy ha sido demasiado... no hace falta tanto. Con 24 horas de emisión y veinte concursantes hay material suficiente para llenar un programa con vídeos de su quehacer diario y los bailes programados. Hasta a los chicos se les está haciendo largo el encierro; más aún porque no saben por cuánto tiempo estarán allí y porque, como lo mucho cansa, es normal que estén cansados de tantas y tantas broncas y escenas melodramáticas por parte de algunos profesores. Un poco de alegría nunca viene mal. Sergio Alcover es, sin duda, un ejemplo de bailarín con talento y respeto hacia los alumnos. Que conste que todos los demás son, igualmente, grandes profesionales y que la severidad es necesaria para sacar el máximo de los alumnos, pero ponerse en el lugar de los que están aprendiendo y hablarles como te gustaría que te hablaran a ti nunca viene mal.
He decidido escribir porque, sinceramente, me parece un programa recomendable y apto para todos los públicos y con un mensaje positivo sobre el afán de superación y el esfuerzo. Con la sobrecarga de sms y tensiones de los últimos días, creo que se está convirtiendo en un reality show más y, sin duda, eso no es nada bueno.
Lo mucho cansa, sí, pero lo poco también.
He visto aproximadamente cinco minutos del ¿nuevo? programa de Carmen Alcayde y me ha parecido el tomatito. Si metes el CQC y Aquí hay tomate en un cubo, lo dejas pudrirse al sol y extraes la gracia que le quede al invento de hacer preguntas divertidas llevando gafas, tienes el decadente Las gafas de Angelino. Es tan insulso, tan falto de gracia y originalidad en el guión, que huele mal; tanto que me da en la nariz que no dura ni una semana más. Es un programa con un título tan malo que ya avecina lo poco que va a durar.
Pero no hay problema!! Telecinco pondrá, a esa hora, los resúmenes de Operación Triunfo que ya empieza! Jugada redonda.
Un reality show a media tarde... esperemos que sea el único.
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jueves, 13 de marzo de 2008
Inmoralidad
Esta mañana, la sociedad consumista e inmoral en que vivimos ha vuelto a mostrar la peor parodia de sí misma en el programa Espejo Público, de Antena 3.
El rebuscador de basura, Albert Castillón, tristemente famoso por regodearse en la miseria ajena, los asesinatos infantiles y los caminos secundarios de caso Malaya, contaba esta mañana a Susana Griso que los agentes de aduanas de Algeciras se h
an incautado de 6 contenedores gigantescos de ropa, calzados y accesorios minuciosamente falsificados. La periodista le hizo la pregunta del millón: "y qué harán ahora con esta mercancia?". Castillón no dudó: "pues destruirla... imagínate que eres el dueño de Dolce & Gabbana y va cualquiera vestiendo ropa tuya falsificada".
an incautado de 6 contenedores gigantescos de ropa, calzados y accesorios minuciosamente falsificados. La periodista le hizo la pregunta del millón: "y qué harán ahora con esta mercancia?". Castillón no dudó: "pues destruirla... imagínate que eres el dueño de Dolce & Gabbana y va cualquiera vestiendo ropa tuya falsificada". ¡Qué horror ver a un pobre con zapatos falsos! Que vayan descalzos, que eso es lo verdadero. Mejor pobre, descalzo, desnudo, que lucir suntuosos ropajes que les hagan ver que son ciudadanos de segunda, que sólo aspirar a aparentar poder derrochar dinero.
¿Y qué sucede si el humo que produce la pira de Guchi, Armoni, Polex y Nique daña la capa de ozono? ¿Pobres... ozono?
Escuchamos cosas así y la injustica llega a pasar desapercibida, como un suave chapoteo que ya no logra calar nuestra conciencia.
lunes, 10 de marzo de 2008
Elecciones...
Como dice el Gran Wyoming, ¡lo que España vota, va a misa!
No sé si estará más disgustado Aznar, que ve como España refrenda la política social, económica y territorial de Zapatero, o Uribarri, al borde del infarto al ver a Chikilicuatre arrasar en Salvemos Eurovisión.
La democracia es así. Hoy me siento doblemente contenta.
Eurovisión es un concurso que tuvo su momento de apogeo hace décadas, cuando España anhelaba estar en la Unión Europea. O cuando acabábamos de entrar y nos fascinaba todo lo que viniera de Francia o Italia. Pero ahora ya somos un país más, igual de moderno y de interesante que cualquier otro estado europeo.
La verdadera unión la hacen los jóvenes que viajan cada vez que pueden a otro país, los que leen prensa internacional, los que se hacen con la música que les gusta saltándose las fronteras o quienes amplían sus negocios por Europa. Eurovisión ya no es lo que era... ya no es casi nada.
Entiendo el enfado de los que han seguido Eurovisión toda la vida, porque creen que esta elección es injusta para los que son cantantes de verdad y porque nos puede hacer aparecer como unos humoristas irrespetuosos en Europa. Pero han de entender, primero, que la democracia es justamente aceptar la opinión de la mayoría porque cada voto vale lo mismo, sea de un amante de la música, de un progresista convencido o de un irónico empedernido. Y, segundo, porque Eurovisión no significa ya casi nada para nadie y hechos como éste vienen a demostrar que es un forma de intercambio cultural muy obsoleta.
Los amantes del festival deben pensar con la cabeza fría y alegrarse porque éste va a ser el concurso más visto desde aquel en que participó Rosa (otra fórmula participativa que, en su momento, renovó el sistema de elección e involucró a los telespectadores) y porque, a buen seguro, el año que viene TVE (que no olvidemos es a quién realmente representa el cantante elegido) se atará los machos y no dejará cabo suelto para que el elegido sea digno.
La ciudadanía ha hablado. La campaña conservadora ha fallado, la campaña del miedo se estrelló contra la realidad y ahora toca a los perdedores evaluar daños y renovarse. La campaña de crispación fracasó. Gabinete de crisis en el PP.
martes, 4 de marzo de 2008
Un debate, infinitas miradas
Imaginen dos personas mirando el cielo. Una de ellas comenta: "¡Qué azul más limpio!". La otra le responde: "Estos nubarrones anuncian lluvia".
Así me siento después de ver el debate electoral de anoche. Me maravilla la capacidad del ser humano de ver la realidad de formas tan antagónicas. Me apasiona la política, pero no digo esto por la frontalmente diferente visión de España que tienen Zapatero y Rajoy, sino por los debates ciudadanos que han seguido al político.
Aunque muchos medios y políticos han intentado erosionar el debate público en torno a cuestiones centrales en la democracia estos cuatro años, la ciudadanía española ha respondido con la madurez que tiene. Es injusto que tengamos una infravisión de España porque somos un país solidario, moderno y a la altura de Europa. Después del desgaste de una legislatura crispada, los ciudadanos han dado los dos primeros puestos en audiencia a estos debates; el primero de ellos ha sido el programa más visto de los últimos años. La política interesa; interesa más que el fútbol.
Tele5 y Antena 3 deberían volver la vista atrás y recordar el espaldarazo que los debates del 93 les dieron a sus cadenas. Esta vez se han comportado como niños malcriados que quieren seguir teniendo un trato privilegiado en el panorama televisivo. Cuatro y LaSexta han sabido lo que tenían que hacer: el debate era el mismo en todas las cadenas, les tocaba ofrecer más interpretación, más análisis, más entrevistas, más novedad... y lo hicieron. Lo hicieron dignamente.
En términos televisivos, el debate ha dado mucho que hablar. Fue precedido por el debate sobre el debate. La inconsistencia de algunos de los argumentos que se estaban debatiendo (altura de la silla, escenario, cronometraje,...) era tal que ha alimentado la desazón de los que creen que las formas son más importantes que el contenido en política.
Como periodista, creo que el papel de Campo Vidal fue intrascendente. Hubiese dado igual poner, en su lugar, al árbitro Pierluigi Colina. Olga Viza ha permitido más el intercambio no pactado de ideas, la improvisación. Hubiese sido un más democrático que los periodistas ejercieran como tal, que los políticos estuvieran abiertos a la confrontación dialéctica con un tercero. Si están seguros de lo que han hecho estos cuatro años, no deberían tener tantas normas para dar la cara.
¿Quién ganó? En primer lugar, los españoles que, con el gobierno del PP, estuvimos privados de este ejercicio democrático. No seré yo la que contradiga las encuestas, pero la uniformidad me preocupa... Que hasta El Mundo dé por ganador a Zapatero en portada, pero le siga zurrando en el editorial, me parece un último intento de desmovilizar a los votantes de izquierda: "¡Si está ganado! el domingo me quedo en casa".
En este blog quiero hablar de medios de comunicación. Por ello no profundizaré en mi opinión sobre los contenidos del debate, sobre el mensaje de los candidatos y sobre la España que dibujaron. Como espectáculo televisivo, el debate hubiese sido mucho mejor si ambos se hubiesen soltado el corsé y nos hubieran mostrado a los ciudadanos quiénes son los que nos gobiernan en realidad, sin red de seguridad (para eso están los mítines). Cierto es que, en algunos momentos, el debate subió de tono y son muchos los que lo critican. Eso es la dialéctica, la confrontación. No era una charla entre amigos, era un cuadrilátero.
No esperaba menos tensión. Esperaba más ideas de futuro.
martes, 26 de febrero de 2008
Ellos se prefieren muy muy gordos
La depauperada programación de Canal Sur es capaz de empeorar, qué lamentable descubrimiento. Reconozcámosle el mérito de no ofrecer programas de corazón terribles (lejos queda el periodo de Tómbola), de reservar un hueco para la programación apta para el público infantil y de haber cobijado a Canal 2 Andalucía, una pequeña criatura televisiva innovadora y minoritaria. Pero, por lo demás, no hay por dónde cogerla.
Por la tarde se emite el avejentado y falto de creatividad 'La tarde con María'. No tengo estómago para verlo. Pero, haciendo zapping, descubrí un espacio esporádico en el que personas obesas acudían a intentar perder peso con el control televisado de una nutricionista. La idea es que al cierto tiempo volvieran y se vieran los resultados de las dietas.
Con la falsa apariencia de televisión de servicio público, que tan bien suena como marchamo de la televisión pública, el espacio fue mutando. Se hizo diario y, en vez de servir como terapia tele-dirigida, se convirtió en un escaparate de personas gordas que alardean de lo que comen:
"Yo me como 2kg de chirimoyas a media mañana"; "Yo desayuno 4 showarmas"; "Me como cuatro barras de pan al día"; "Almuerzo un cocido con pringue, un plato de los montes, dulces de postre y luego frutos secos" "Desayuno una rosca de churros y dos chocolates".
Son personas que se ríen de estar gordos, que van a hacerse los graciosos. Respeto, de corazón, que se trate de una enfermedad de difícil curación y que requiere un largo tratamiento, fuerza de voluntad y ánimo para afrontarlo; pero el espacio ha degenerado y sólo sirve para que esas personas vayan a reírse de todo lo que se comen a lo largo del día, con la complicidad de un amigo que hace chascarrillos, de la presentadora que les da el pie para que cuenten anécdotas de una comida pantagruélica y con la aquiescencia de la nutricionista, que antes ponía cara de espanto y ahora pensará "total, si me pagan igual".
No he vuelto a ver a ninguna de esas personas un par de semanas después diciendo: "he perdido un kilo". Muchos de ellos se quedan en el programa y participan en otras secciones, son sus 15 minutos de fama.
Es el show de la gordura. ¡Olé por los andaluces salerosos que se ríen de tó! ¡Qué arte!
Qué imagen más triste de Andalucía.
lunes, 18 de febrero de 2008
Un buen programa de entretenimiento
Veo Fama. Y me gusta.
Por la otra, la pésima realización que, en mitad de un baile colectivo, intenta ofrecer un plano detalle que se va abriendo a un ritmo tan lento que, cuando quiere captarlo todo, los bailarines están en otra parte del escenario [la realización no sólo no mejora sino que es incluso peor en las galas. Que dejen de hacer planos cortos en un baile y de mover tanto la cámar, ya se mueven los bailarines]. En el ámbito de las tecnologías, cabe decir que la página web tampoco está a la altura del programa pues no ofrece los vídeos que diariamente pueden verse en directo.
¡No ha sido tan difícil decirlo! Ha sido como admitir que me leí El Código Da Vinci y que me enganchó. Los que se autoproclaman 'amantes de la buena literatura' despellejan a Dan Brown y tachan al libro de esperpéntico; pero estoy segura de que se matan por escribir una obra que cautive a tanta gente de países diferentes con un libro que, cuanto menos, exige un poco de interés por la historia.
Pues Fama me divierte. Y los imperturbables defensores de la televisión de calidad dirán que no aporta nada intelectual a la sociedad y que no es más que otro reality. Pero no sólo de documentales vive el telespectador!
Me parece un programa 'blanco', apto para todos los públicos porque no ofende a nadie y viene a demostrar que, en cualquier ámbito de la vida, hay que trabajar con tesón para obtener lo que se desea. A ello se une que los protagonistas son gente joven, dinámica, y que el programa elude los conflictos personales y el morbo: se han dado cuenta de que con buena música, profesores muy especiales y chicos sanos y carismáticos tienen bastante para captar a la audiencia.
Entonces aparece la parte de programa concurso televisivo a enturbiarlo todo un poco aunque, por otra parte, es imprescindible y le da un sello personal (y un poco de adrenalina por la constante competición). Por una parte, me parece excesivo en ocasiones el dramatismo del jurado y los profesores en sus técnicas pedagógicas y sus comentarios (¿a alguien le gusta que le enseñen gritándole constantemente como hace el especialísimo Rafa Méndez?). Igualmente, Paula Vázquez, sin llegar al tremendismo de La Selva de los Famosos, a veces intenta cargar las escenas de la vida cotidiana de un negativismo del que, en realidad, carece. En su faceta más alegre, la que desarrolla últimamente, encaja mucho mejor con la filosofía del programa
Por la otra, la pésima realización que, en mitad de un baile colectivo, intenta ofrecer un plano detalle que se va abriendo a un ritmo tan lento que, cuando quiere captarlo todo, los bailarines están en otra parte del escenario [la realización no sólo no mejora sino que es incluso peor en las galas. Que dejen de hacer planos cortos en un baile y de mover tanto la cámar, ya se mueven los bailarines]. En el ámbito de las tecnologías, cabe decir que la página web tampoco está a la altura del programa pues no ofrece los vídeos que diariamente pueden verse en directo.
Tampoco comparto la decisión de hacer entrar una pareja nueva cada semana en la academia. No hay que hacer durar a los programas demasiado pues pierden fuelle e interés. Es mejor que acaben poco después de su cumbre de popularidad para que la audiencia no se canse y se quede con ganas de... la previsible segunda edición.
Sin lugar a dudas, es lo menos nocivo que los niños y jóvenes pueden ver en esa franja horaria de protección especial. Para los más mayores, un programa divertido, dinámico y que te saca del tedio de los programas de telerrealidad en los que un puñado de vaguetes se esforzaba en hacerse famoso por la patilla.
Es, en conclusión, un buen programa de entretenimiento.
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